Cuando uno da, recibe mucho más

Entrevista Sandra Mihanovich

Cuando uno da, recibe mucho más

La vida de la cantante Sandra Mihanovich ha sido un huracán en los últimos meses: disco nuevo, donación de riñón a su ahijada y el anuncio de su relación con Marita, su actual pareja. Además, obtuvo el premio “Carlos Gardel”, como mejor Álbum Romántico Melódico, por su disco “Vuelvo a estar con vos”. Este galardón le llega a sus 61 años, como un dulce reconocimiento a su trayectoria.

Sandra Mihanovich, ganadora del Premio Gardel 2013 al mejor Álbum Romántico Melódico por su disco “Vuelvo a estar con vos”.El teatro Ópera de Buenos Aires quedó en silencio unos segundos antes de que los parlantes pronunciaran el nombre de Sandra Mihanovich. Era la candidatura al mejor álbum romántico melódico de los Premios Gardel 2013, que fue adjudicado al disco número 20 de la artista, “Vuelvo a estar con vos”. Sandra subió con paso lento al escenario, como queriendo contener en los pasos la emoción:
“Estoy muy orgullosa de este premio porque tiene que ver con nuestra música, con la música de mi país (…). Y me gustaría decirles a todos que piensen en una ecuación matemática absolutamente cierta y real: cuando uno da es mucho más lo que recibe”.

La cita se convirtió casi en un mantra para Sandra, que empezó a recitarla hace aproximadamente un año, cuando recibía “oleadas de afecto” después de anunciar la donación de un riñón para su ahijada Sonsoles.
“El primer día que estuve en terapia intermedia en el sanatorio y prendí la TV, ¡me vi en los noticieros! ¡En los titulares de cada medio! ¡No podía creerlo!”
, sonríe la cantante al recordarlo. Y sonríe porque dice que se sintió muy bien tratada, “con mucho cariño y respeto”. Con la decisión –un gesto de coraje y amor, decía su hermano y manager Iván Mihanovich- saltó también a la palestra la homosexualidad de Sandra, al exponer públicamente su relación con Marita, la madre de Sonsoles y su pareja actual.

Antes, mucho antes (en 1985, con apenas 25 años), la artista se había encargado de anunciarlo a través de una de sus canciones más conocidas, “Soy lo que soy”. Ella recuerda cómo ese tema puso fin a muchos años de temores y remordimientos.
“Fue como abrir mi vida a través de la canción. Sin decir nada, decirlo todo. Ahora, de alguna forma, trascendió a nivel público parte de mi vida privada, la cual nunca oculté, pero que tampoco puse sobre la mesa. Tengo un perfil bajo y en mi relación con la prensa, lo que he hecho siempre es hablar de mi trabajo”
.

¿Y cómo te afecta lo que dicen de ti?
- ¿Qué dicen de mí? (sonríe, y el gesto le llega hasta los ojos, colosales)

En general, me refiero.
- Ah. No mucho, en general. Mamá, (la periodista Mónica Cahen D'Anvers) es una persona famosa en Argentina y cuando empecé en el año 76, leí un artículo en un diario muy pequeño, medio amarillista, cuyo título decía: “Libertina”. Y en el texto decían “se la ha visto a Sandra Mihanovich hasta altas horas de la madrugada tomando alcohol y… hasta olía mal”. ¡Bueno, unas cosas….! Yo leía eso y me moría de risa. Me causó mucha gracia de tan ridículo que era. Pero lo que sí pasó es que me di cuenta que hiciera lo que hiciera, iban a decir cualquier cosa. Cosas buenas, cosas malas. Verdades y mentiras. Entonces, me dije: no le voy dar importancia.

Pasaron muchas cosas desde aquella primera actuación, en 1976, en el bar "La Ciudad" de Talcahuano y Santa Fe. ¿Cómo definirías tu carrera musical?
-Creo que hay una primera etapa, la de autodescubrimiento, en la que uno debe elegir, definir y conocerse… saber quién es desde el punto de vista musical. Tiene que ver con la conformación de la identidad como cantante. Yo he compuesto algunos temas, pero soy fundamentalmente intérprete, y a través de canciones maravillosas he armado mi identidad.

Entonces, digamos, somos artistas instalados. No sé si decir consagrados, pero de alguna manera estamos un poco en la mitad, con un trecho largo recorrido y todavía muchas cosas lindas para hacer.“Me convertí en una cantante popular”


Y llegas a los ochenta habiendo identificado tus principales rasgos como artista.
-Sí, y en la segunda etapa, lo que hice fue salir a convertirme en una cantante popular, en un contexto muy particular en Argentina. En 1982, con la Guerra de las Malvinas, una normativa prohibió las canciones en inglés en la radio. Y entonces, el resto, pasamos de tener un 20 o un 30 por ciento de espacio, a copar la totalidad. En esa época, había una gran necesidad de argentinidad. Fue el gran boom.

¿Hasta cuándo duró ese furor?
-A la generación del 80, nos tuvieron un poco relegados en los 90, que fue el momento en que se desarrollaron muchísimo las comunicaciones; aparecieron canales de cable en televisión, Internet… Eso abrió mucho el espectro musical. Se oían artistas de Latinoamérica, de Europa… de todo el mundo. A nosotros, nadie nos daba mucha bola.

La trayectoria es un zigzag: ¿cuándo les vuelven a hacer caso?
-A partir del 2000. Parece que de repente la gente hubiera dicho “¿dónde están?, nos faltan”. Entonces, aparece radio Mega, la 98.3, con un slogan muy fuerte: “Puro Rock Nacional”. Yo no soy roquera, en realidad. Pero al pertenecer a la generación de los 80 y estar dentro del movimiento de rock nacional de esa época, soy como una prima, de alguna forma. Volvimos a surgir los de aquella generación: Alejandro Lerner, Patricia Sosa, Marilina Ros, Celeste Carballo, Silvina Garré, Lito Vitale, Julia Zenko, Los Auténticos, Los Abuelos…


¿Y de los últimos años, cuál crees que es la tendencia?
-Nosotros ya tenemos una trayectoria larga, importante. Entonces, digamos, somos artistas instalados. No sé si decir consagrados, pero de alguna manera estamos un poco en la mitad, con un trecho largo recorrido y todavía muchas cosas lindas para hacer
.

La familia

Las “cosas lindas” que dice la cantante quieren decir, por ejemplo, ir a Praga, a la Copa Davis, en septiembre, y cantar allí el himno; o intervenir en una serie de documentales de TN bajo el título “Soy lo que soy” (en los que se homenajea a aquellos personajes que se atrevieron a romper el molde y hacer lo que querían –no lo que debían). “Cosas lindas” significa para Sandra, sobre todo, cantar y cantar llenando salas en los recitales, y teniendo cerca a su familia. “La familia siempre está a mi lado”, dice, “compartimos muchas cosas, la música y el escenario entre ellos. Estamos todos muy pegaditos”.

Por la sangre le llegan a la artista los afectos. Y también el talento. Cuando aprendió a tocar la guitarra, a los once años, la música era tan común en su entorno como el mate o los asados. Estaba inmersa en los eventos familiares, donde las notas parecían ser una huella genética que marcaba el rumbo de la saga Mihanovich. “Mi abuelo y todos sus hermanos se dedicaron a la canción”, constata Sandra. Y los entusiastas eran, ni más ni menos, que ocho almas apasionadas.

¿Cuál es la virtud que crees que te hizo posible llegar hasta aquí?
Tengo una voz que vino puesta de fábrica, que funciona bastante bien. Creo que pude encontrar una manera personal de expresarme, y tuve la enorme fortuna de ir eligiendo música con la cual la gente se ha sentido identificada. Esa música que, cuando hay más de uno que la hace, más de dos o más de diez, entonces se convierte en algo popular. Y eso me parece muy mágico. Lo relaciono con algo que me excede completamente y que no sé de dónde viene. ¡Pero enhorabuena!

¿Y qué es el éxito para ti?
El éxito es poder elegir, ése es el máximo éxito del mundo. Poder disfrutar de la vida, de cada instante. Hacer lo que a uno le gusta.

¿Cómo te sientes en este momento de tu vida?
Feliz, muy feliz.



Texto: Ana Clara Rodríguez.



Su último disco, el galardonado Vuelvo a estar con vosCantante ecléctica

En su último disco, el galardonado Vuelvo a estar con vos, Sandra se atreve con (casi) todo: baladas, blues, rock, bossa… Ese eclecticismo es una marca de la casa, pues Sandra se define a sí misma como “una cantante de canciones”. Sin etiquetas.
Pero, ¿qué hay de bueno y malo en ese “de todo un poco”, en poder variar de estilo y de ritmo tantas veces como se quiere? Sandra nos responde:
“Lo malo puede ser que quizás no alcance a encontrarle la verdadera forma a una canción, que quede un poco superficial en mi intento. Estoy cantando una salsa que me dio mi amiga cubana, Marisa Lebrera, por ejemplo, y cuando escucho a los cubanos en la interpretación, digo “¡Guau, eso es de verdad!”. Lo mío es de prestadito. Lo hago con todo cariño, pero no es verdadero-verdadero. Lo bueno, por otro lado, es que siento que estoy haciendo mil personajes. Y eso lo disfruto, y me divierte muchísimo”.



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