Muchos son los obispos argentinos, e incluso de países limítrofes, que lucieron, y lucen, sus trajes, desde monseñor Bonamín hasta el flamante obispo de Salta, monseñor Zanchetta

Cayetano Franco, el sastre de los obispos

El sastre de los obispos


Hace muchísimos años que hago sotanas, siempre al servicio de los sacerdotes. Hice cientos de sotanas, incluso muchas para obispos. Por su puesto, todas a medidaSotanas a medida

En un negocio de dos plantas, ubicado en la Galería La Francesa, en Quilmes, trabaja arduamente un artesano de la indumentaria en general. Es un sastre de origen italiano- más precisamente del pueblo de San Mauro Castelverde, Sicilia- que se llama Cayetano Franco. Confecciona trajes, sobretodos, sacos y pantalones, a medida. Una mercadería de lujo, y que queda como pintada en el cuerpo de los clientes, en estos tiempos en que muchos parecen conformarse con el small, medium, large, extralarge o XXL, medidas habituales en este mundo de lo práctico y de la globalización en lo que parece que todo vale, aunque sobren hombreras, o se manejen pantalones chanfleados y dobladillos contrahechos.

Pero lo curioso de Cayetano Franco, Pepino para los del ámbito de su confianza, es que tiene una especialidad que parece estar en vías de extinción. Él, es uno de los dos o tres sastres que se circulan en este rubro a nivel nacional, que son renombrados para vestir a curas, obispos y a cualquier otro rango de la rama eclesiástica.
“Hace muchísimos años que hago sotanas, siempre al servicio de los sacerdotes. Hice cientos de sotanas, incluso muchas para obispos. Por su puesto, todas a medida”, dice Franco.

En su tarjeta de presentación, figuran todos los estilos que necesitan los clérigos: sotanas españolas, sotanas romanas, sobretodos, y clergyman. Y Cayetano Franco, que nos explica: “las sotanas españolas son las que terminan en cuello en V. En cambio las sotanas romanas, tienen un cuello con una obertura de unos cuatro centímetros y lleva ballenitas. Todo va en el gusto de quien quiera lucirla. Y están las sotanas para los obispos, que son las mismas, pero se destacan por el color morado…”

¿Y qué es el clergyman?: Franco, continua relatando: “Sencillamente es el traje con cuello de sotana, con chaleco, y de negro. Es un traje de estilo clásico, con dos o tres botones, bien derecho, sin muchas variantes”
Franco es un especialista muy particular en la confección de sotanas, “todas a medida, porque no trabajo con moldes; tiza, marco y corto…”, aclara para dar más datos referidos a la calidad de sus productos.



La muzetta

Muchos son los obispos argentinos, e incluso de países limítrofes, que lucieron, y lucen, sus trajes, desde monseñor Bonamín hasta el flamante obispo de Salta, monseñor Zanchetta: “Si de mostrar mis trabajos se trata -dice- me gusta mucho la indumentaria de gala de los obispos, acompañada de una “muzetta”, que es la capita, del mismo color morado que va sobre la sotana. Para el verano se usa de color beige, con tela de alpaca, lana o poliéster, que es más liviana, más cómoda. Para usar en invierno, con tiempo más fresco, utilizo la sarga”

Franco siente un orgullo muy particular cuando los obispos, o futuros obispos, o curas que van a estudiar teología a Roma, se acercan a su taller para que les haga la ropa: “con una sola vez que vengan a probarse, es suficiente”, enfatiza.

De Sicilia a Quilmes, de ropa para casamiento a la del clero. Cayetano Franco es un polifacético hombre del metro, la tiza y la costura de fina hechura, especializado en ropa clerical. Pero también deslumbra por la hechura de trajes, sacos y pantalones, en donde se ve el toque de alta calidad. Una profesión al servicio de los que aman el buen vestir.

Guillermina Goudrón



Bergoglio

"Según cuentan allegados a la iglesia, cuando el hoy Papa Francisco I era monseñor, sus colegas quisieron regalarle, para una fecha puntual de su vida, una flamante sotana, a medida, impecable, de lujo.
Y el hombre indicado para la “operación buen vestir” de monseñor Bergoglio, era Cayetano Franco.
Todo estaba previsto para que Francisco Bergoglio se probara con el sastre quilmeño, por adopción. Pero Bergoglio, hombre de extrema humildad y modestia, al enterarse de la decisión de sus compañeros de la iglesia, prefirió seguir con su vieja y cómoda sotana de siempre, incluso para evitar gastos. “Estoy bien así con la que tengo, ¿para qué cambiar?..”
Monseñor Bergoglio se quedó sin su nueva sotana, por decisión propia. Y Cayetano Franco, sin la oportunidad de conocer personalmente al argentino más importante de toda nuestra historia.


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